(Opinión) - No es bueno que los chicos queden solos mientras sus padres trabajan. No hay que ser entendido en la materia para comprender por qué tanto niños como adolescentes deberían ocupar su tiempo en estudiar, practicar deportes y disfrutrar de actividades lúdicas en compañía de padres, docentes, abuelos o cualquier adulto que pueda ofrecerle contención. En los barrios periféricos de Bahía Blanca ocurre algo que no debería ocurrir. Muchos chicos de entre 12 y 15 años de edad, en especial durante la tarde y hasta entrada la noche, quedan a cargo de sus hermanos menores o sobrinos. La ecuación es simple: la madre generalmente trabaja hasta tarde; el padre también, o en el peor de los casos está preso, fallecido o frecuentemente ausente. Las guarderías están desbordadas: no hay cupos para satisfacer la demanda. Pero además de eso, muchas ofrecen servicios en un solo turno, generalmente por la mañana. Es el caso de lo que ocurre en Villa Miramar, donde la guardería "Palomitas Blancas" (ver detalles aquí), -un excelente emprendimiento de la Asociación Civil Piedra Libre-, atiende a niños de hasta 5 años de edad. Pero el cupo matutino está desbordado y no funciona durante la tarde. En ese barrio, con tantas necesidades básicas insatisfechas, los chicos mayores a 5 años no tienen ninguna institución que los contenga mientras sus padres no están en casa. Así las cosas quedan solos, los más grandes al cuidado de los más chicos, convirtiéndose en menores en riesgo. La situación les impide insertarse en cualquier actividad extra escolar y además, aumentan las probabilidades de que ingresen precozmente en el mundo del delito. Cuando esto sucede, muchas voces bahienses reclaman represión y tiros, sin entender que detrás de esa conducta, por lo general, hay una historia de soledad.
(Editorial) - Es increíble cómo en nuestro país se le perdona cualquier cosa a los ídolos. Ayer, tras conocerse que Emanuel Ginóbili optó por no representar a la Selección Argentina en el Mundial de Turquía, en la Web se leían miles de títulos de similar tenor y casi idéntico contenido, con las supuestas razones del jugador, pero ningún cuestionamiento a su decepcionante decisión. Ginóbili, idolatrado por las masas dadas sus increíbles dotes como jugador de basquet, deja mucho que desear en otras facetas de su perfil.. Para empezar, dijo que no vestirá la camiseta nacional porque su esposa espera mellizos y no quiere perderse los primeros momentos de la crianza de sus hijos, lo cual es lógico y entendible...si no fuera porque su esposa dará a luz en mayo y el Mundial se juega en agosto. De hecho, una recorrida por las redes sociales como Twitter, permite intuir que casi nadie cree esa versión (ver aquí). En Facebook, no es demasiado diferente: lo tildan de pecho frío (ver aquí). Según el escolta bahiense, la decisión que tomó es la mejor "para él y para su familia". Lo que nos está diciendo, claramente, es que primero está su persona y su entorno. Después está todo lo demás. Nadie dice que deba desentenderse de su esposa e hijos. Cualquier observador podría entender el faltazo si hubiera una situación médica delicada. Pero en condiciones de normalidad, cambiarle los pañales a sus mellizos no puede ser más importante que ser el capitán de la selección nacional y darle una alegría a la gente de su país, que tanta falta nos hace. Es evidente que Ginobili tiene trastocada su escala de valores, ya que la misma no tiene correlato con su condición de ídolo popular. Los ídolos populares, los de pura cepa, saben muy bien que deben resignar muchos aspectos de su vida privada. Y lo hacen con el convencimiento de que los dones que les fueron concedidos implican una gran responsabilidad, honrándola aún a costa de sacrificios personales. Pero Ginobili nunca tuvo gestos de este tipo: el sacrificio personal en aras del prójimo y la generosidad no figuran entre sus virtudes.
(Editorial) - En este último tiempo ha crecido en la ciudad de Bahía Blanca la cantidad de hechos aberrantes en contra de animales vagabundos, concretamente perros y gatos. Se ha visto en el centro cómo muchos de los buscadores de vida animal, se han topado con algún ser malévolo que les quitó la vida. ¿Hasta cuándo hay que esperar para que alguien, con la debida autoridad, haga algo?. En nuestra sociedad hay personas con buen corazón que alimentan y dan refugio a estos animalitos, pero, ¿es su responsabilidad?. Dos asociaciones protectoras luchan por el buen pasar de ellos, pero se sabe que el municipio, quien muchas veces se ha jactado de hacer valer la tan mentada tenencia responsable, incluso promoviendo la idea de los chips identificatorios, no hace nada al respecto. De esta forma, los animales sin hogar vagan sin rumbo por las calles bahienses.
(Editorial) - Mientras los chicos del Hogar Don Orione no tienen leche para la merienda ni sillas de ruedas en qué trasladarse (ver aquí), el intendente municipal planea inaugurar la Casa de Bahía Blanca en Buenos Aires con una recepción en el Alvear Palace Hotel, poseedor de los salones más exclusivos y por ende, más caros de nuestro país. Alguien podría pensar que el citado paralelismo es un golpe bajo. No lo es. Se trata de dos datos de la realidad irrefutables. Por dar un ejemplo, una habitación regular fuera de los períodos de promoción, cuesta en el Alvear alrededor de 1,000 dólares la noche. Cristian Breitenstein podría haber elegido cualquier otro hotel cinco estrellas de la Capital Federal para dejar habilitado su último capricho, pero escogió el más sofisticado y oneroso, que por cierto, no pagará de su bolsillo. Varias ciudades, más bien las turísticas, tienen oficinas representativas en Buenos Aires, pero el intendente bahiense no se iba a conformar con un sencillo local de la avenida Corrientes. Eligió, personalmente, un edificio ubicado en Tacuarí 147, sede de varias empresas multinacionales y de la Embajada de Suecia.
(Comentario) - De los correos electrónicos y mensajes vía Facebook recibidos tras la publicación del editorial "La Información, Según Cristian Breitenstein" y "La UNS y el IADO no Pueden Mostrar los Análisis de la Ría", voy a rescatar el que difundió el pensamiento de Chris Hedges, un columnista que este mes pasado publicó un ensayo en el que sostuvo que la falsa idea de la objetividad periodística está matando al periodismo. El pensamiento de Hedges, reconocido y premiado periodista internacional, es de extrema vigencia en nuestros días, cuando los periodistas que no respondemos a ciertos intereses, solemos ser considerados un peligro para la sociedad. Por eso, tanto el poder político como el económico, se sienten más a gusto con periodistas neutrales o mal llamados "objetivos" (como si fueran objetos y no sujetos), ya que esa mirada sin ideas propias y vacía, les proporciona una mejor imagen ante la sociedad, de la que dependen. No entienden que por naturaleza, la prensa debe mantener relaciones tensas con esos poderes, ya que de otro modo, se traicionaría lo que los ciudadanos esperan de los medios de comunicación. La columna de Hedges publicada en la revista digital TruthDig, está en inglés, tal como se lee haciendo clic aquí. Pero parte de la traducción aparece en una nota de Pablo Bilsky, publicada en ArgenPress, cuyos principales conceptos se reproducen en el artículo completo.